
Nuevamente nos acercamos a otro segundo domingo de mayo y todos, los malos buenos, nos preparamos para celebrar “El Día de la Madre”. Todos estamos pensando en ¿Qué llevarle?... o ¿qué regalarle? para hacerla feliz.
¡Qué ingenuos que somos? Pensamos que a nuestra madre le puede interesar o alegrar un “regalito”, por su tamaño o por su precio. ¡No! Para ella no habrá nunca mejor regalo que vernos felices, que vernos cerca de ella, que vernos logrando nuestras aspiraciones y que la gente nos quiera y nos respete.
Todos somos consientes que la vida actual, nos mantiene muy ocupados y presurosos haciendo una y otra cosa; nos tiene tan cansados que, al finalizar el día, sólo pensamos en irnos a descansar o a divertir ¿no es cierto?.
No creen ustedes que nuestras madres, se sentirían muy felices si al término de nuestras labores diarias, fuésemos un ratito a verla y a conversar con ella, que si no vivimos cerca, la llamemos por teléfono para preguntarle ¿cómo está?. ¿Acaso nos resultaría caro o nos haría pobres comprar un paquetito de galletas y un refresco para llevarlo y compartirlo con ella?. ¡No!, nada de eso es costoso ni difícil… todo es cuestión de decidirse, hacerlo y acostumbrarse. No se imaginan la inmensa Felicidad que le regalaríamos todos los días a ese bendito ser que, desde que nacimos, ha vivido preocupada por nosotros…, porque no nos falte nada y porque seamos felices.
Pues bien, desde estas líneas quiero adelantarme y sugerirles apreciados Amigos, que escojamos el mejor de los regalos para nuestra Madre en su día; es un regalo que no cuesta nada. Aunque, tal vez para algunos cueste mucho. Este regalo no necesita papel brillante ni cinta transparente para envolverlo, no requiere de un servicio postal para que lo lleve; sólo necesita un poquito de nuestra gratitud. ¿Saben cuál es ese regalo?: nuestro Cariño y nuestro Respeto hacia ella, por todo lo que significa y ha hecho por nosotros.

